lunes, 29 de febrero de 2016

REFLEXIONES POLÍTICAS I: NO ES CUESTIÓN DE NÚMERO SINO DEL FIN



Benjamin Martin, el personaje de Mel Gibson en la película “El Patriota” hacía una de las reflexiones políticas mas brillantes que se han hecho en el mundo del cine cuando afirmaba aquello de “¿Por qué cambiar un tirano que está a 6000 kilómetros de aquí por 6000 tiranos que están a un kilómetro de aquí?”.

Fueron los grandes filósofos antiguos los que pusieron las bases de los sistemas políticos puros que existían. Aristóteles nos hablaba de seis sistemas políticos, tres buenos y tres malos, aclarando también que lo habitual era encontrar sistemas mixtos que podían abarcar características de varios de ellos. Desde entonces, nada nuevo bajo el sol, simplemente ampliaciones o profundizaciones, mas o menos acertadas.

El estagirita también nos aclaraba que la moralidad del sistema político no dependía del número de participantes sino de su fin. Lo que dignifica la política no es que todos participemos directamente en ella, digo directamente por el hecho de que al ser el hombre un ser social por naturaleza debe implicarse, de mayor o menor manera, en todo aquello que regule las relaciones entre los hombres y en este campo la política es la base para lograr la armonía social; sino por el fin del sistema político.

Con la política se da un hecho curioso, a pesar de ser un terreno que a todos nos apasiona o nos preocupa, sus representantes son, probablemente, el sector más desprestigiado de la sociedad. En estos tiempos que vivimos el político equivale a chorizo, vividor, corrupto… Pero no siempre fue así. Desde la antigüedad, los grandes hombres se entregaron con cuerpo y alma para hacer un mundo mejor para sus coetáneos.

Los grandes pensadores defendían que solo los mejores podían encargarse de regular la relación entre los hombres. En la actualidad todo esto se ha perdido. Guillermo de Occam abrió una herida que la mayoría de filósofos modernos ha ido agrandando. Al cuestionar una moralidad construida a partir de unos pilares objetivos, únicos para todos los hombres, hirió de muerte al hombre moderno y los filósofos posteriores, Descartes, Hume, Nietzsche… No hicieron más que rematarlo, eso sí, en una agonía muy lenta.

Hoy en día acusamos a los políticos de inmorales pero el problema es que ya no sabemos qué es la moralidad pues hay tantas morales como hombres existen en la tierra.

El problema de la política actual no es accidental sino radical, es decir de raíz. Para reconstruir nuestra sociedad primero tenemos que reconstruir al hombre y hasta que no nos demos cuenta de esto seguiremos sintiéndonos insatisfechos con nuestros políticos.