Las élites culturales del nacionalismo se sorprenden del cartel electoral
que CiU ha escogido para las elecciones a la Generalitat de este mes de
noviembre, pero estas han sido las mismas que han ayudado a elevar en los
altares de la demagogia al nuevo "Moisés" de la nación catalana.
Todo amante de la historia siente a menudo la necesidad de buscar
paralelismos históricos con la situación actual, y más cuando la ruptura social
y la crisis económica están tan presentes.
La sociedad catalana de estos años nos remonta a los años 30, han sido
muchos los que han querido equiparar la actitud de Mas con la de Lluís Companys
en el año 1934. Pero si hacemos un análisis más en profundidad podemos observar
que la situación es mucho más cercana a la de la Alemania de esos mismos años,
cuando poco a poco el virus nacionalsocialista se iba extendiendo por toda
Alemania. Los puntos en común son demasiados y conviene tenerlos en cuenta si
no queremos volver a repetir la historia. Citemos algunos de ellos:
-
Una época de
crisis precedida por una época de bienestar, los dulces años 20 vinieron
acompañados del crack de 29, al igual que la época de bienestar que vivimos
hasta la primera década del siglo XXI ha venido seguida de una crisis muy dura
que ha afectado a grandes grupos de población y todo acompañado de una
degradación moral de sus élites.
-
Dos
sociedades heridas por una traición imaginaria:
o
Las élites
alemanas de finales de la 1ª Guerra Mundial se había sentido traicionadas por
unos políticos a los que consideraban culpables del armisticio de 1918. Según
ellos, los aliados no habían entrado en territorio alemán y por tanto la guerra
no estaba perdida. De nada servía que el ejército estuviera en las últimas,
sólo les quedaban dos divisiones de reserva, y que los soldados americanos
acudieran por centenares de miles al campo de batalla.
Hitler aprovechó la
humillación que significó el Tratado de Versalles para aunar a gran parte de la
población y convertirse en el restaurador de la dignidad imperial alemana
o
La casta
político-cultural catalana inunda de discursos que combinan el victimismo y el
odio hacia todo aquello que no sea nacionalista. Una humillación que es fruto
de un hipotético expolio y del sometimiento
por unos españoles que roban a diario el dinero y la dignidad del pueblo catalán.
La historia solo sirve para justificar la doctrina del partido, de tal manera
que todo aquello que no concuerda con el discurso ideológico debe ser suprimido
o modificado
-
La
insistencia en reclamar unos territorios como propios, a pesar de la historia. Los
nazis insistieron en reclamar todas aquellas tierras ocupadas por grupos de
raza aria, aunque hubieran otros grupos étnicos, posteriormente el discurso se
modificó con el reclamo de un espacio vital que correspondía a la raza
superior. En el caso catalán, la vieja insistencia de volver “als Països
Catalans” (Cataluña, Valencia, Islas Baleares y parte de Aragón). Anomalía histórica
que todavía podemos observar en el mapa del tiempo de TV3.
-
Control de la
educación: La educación es la clave para formar a las futuras generaciones,
para formar a futuros nacionalistas es
necesario una inculturación que comienza desde la cuna. En una cultura
ideológica, que se distancia de la realidad como es el nacionalismo, es
importante que desde pequeños se imponga un adoctrinamiento. En el caso catalán
recordemos el caso de aquel cartel de un colegio de Cornellá que recordaba a
los alumnos la obligación de hablar catalán en los patios. Hitler también se
preocupo de la juventud adoctrinándola y preparándola para el futuro conflicto
que debía devolver a Alemania el territorio que consideraba propio
-
Control de
los medios de comunicación: los medios de comunicación son el otro gran pilar
del control ideológico. Goebbles puso en marcha un sistema de adoctrinamiento
que todavía se analiza en las facultades de comunicación. En Cataluña TV3 es el
instrumento del poder, junto a todo el entramado de medios de comunicación
mantenidos y financiados por la Generalitat. No debería resultar sorprendente
el giro brusco que han dado hacia el independentismo algunos periódicos como
“El Periódico” o “La Vanguardia”, este último aún resulta más sorprendente
cuando su propietario, el Conde de Godó, es Grande de España. Pero las
subvenciones son más fuertes que las creencias.
-
Conversión de
la policía en la policía del partido: el partido nazi creó su propia Gestapo y
su propio ejército, las Waffen-SS. Aquí todavía no hemos llegado, pero debemos
recordar como Felip Puig afirmaba hace unas semanas que los “Mossos d’Esquadra”
están al servicio de la Generalitat, es decir al servicio de CiU. La policía no
pertenece a nadie sino que debe cuidar por el cumplimiento de la ley, también
los políticos.
-
Animar a la
delación contra todos aquellos que no acepten las normas impuestas por el
aparato del partido: algo muy común en los regímenes totalitarios era animar a
los ciudadanos a delatar a todos aquellos que no cumplieran con las reglas del
partido y la doctrina. Aquí en Cataluña el caso más llamativo, pero no el
único, fue en la época del tripartito, cuando se animó a denunciar a todas
aquellas tiendas que no rotulaban en catalán y por lo que se les obligaba a
pagar multas.
-
Desaparición
de los símbolos tradicionales por los referentes de la ideología: con la
llegada del nacional-socialismo desaparecieron los himnos y las banderas nacionales,
sustituidas por los propios del partido y la ideología.
-
El odio como
guía política: toda ideología necesita de un enemigo al que culpar de todos los
males y los propios errores del partido. Así en el nazismo el culpable era el
pueblo judío, en el comunismo, el capitalismo y en el caso catalán, todo
aquello que no es nacionalista, y muy especialmente todo lo que huele a
español. Así se roza el esperpento cuando en el mundial de 2010, los
nacionalistas preferían animar a un conjunto extranjero que al propio, a pesar
de que la mitad de los jugadores eran catalanes.
-
La traición
de los sindicatos: los sindicatos también quedan integrados en el partido.
Resulta sorprendente que en las manifestaciones obreras no encontremos ninguna
bandera española, es llamativo que ningún obrero se sienta lo
suficientemente español como para sacar una bandera nacional.
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Identidad del
Líder con la voluntad del pueblo: el gran triunfo del nacionalismo es el de
conseguir que grandes masas de la población identifiquen la voluntad del
partido, y del líder, con el de la nación, de tal forma que cuando se ataca al
partido se ataca a la sociedad y al conjunto de ciudadanos. Es algo que en Cataluña
lo llevamos viendo desde ya hace muchos años, desde los gobiernos de Jordi
Pujol hasta el de Mas, pasando por el tripartito.
-
El líder está
por encima de la ley: una vez asumido que el líder representa a la nación, este
puede saltarse la ley. Lo hemos visto en la negativa a acatar las diversas
sentencias de los Tribunales Constitucionales sobre el tema del catalán en los
colegios o más recientemente en uno de los últimos mítines de CiU, en el que
Artur Mas afirmaba que ni la ley ni la constitución los pararán. Dicho esto
habría que hacerse dos preguntas:
o
Si un
candidato a la presidencia se niega a cumplir las leyes, ¿porqué deberemos
hacerlo el resto?
o
Si la
justicia ya no sirve para frenar a un estado, ¿qué nos protegerá a los
ciudadanos de un gobierno totalitario?
Ante todo esto, se afirma que la clase media es un escudo ante posibles
totalitarismos, pero este es un argumento económico y por tanto poco fiable.
Dicho esto, no sorprende que CiU haya escogido un cartel en el que el
candidato se identifica con la “voluntad de un pueblo” y es representado de
forma mesiánica. Es el resultado de tantos años de manipulación en todos los
sentidos. Todo esto llevaría a preguntarnos: ¿debemos preocuparnos aquellos que
no comulgamos con el discurso del líder?
