lunes, 12 de noviembre de 2012

EL CARTEL ELECTORAL DE CIU


Las élites culturales del nacionalismo se sorprenden del cartel electoral que CiU ha escogido para las elecciones a la Generalitat de este mes de noviembre, pero estas han sido las mismas que han ayudado a elevar en los altares de la demagogia al nuevo "Moisés" de la nación catalana.

Todo amante de la historia siente a menudo la necesidad de buscar paralelismos históricos con la situación actual, y más cuando la ruptura social y la crisis económica están tan presentes.

La sociedad catalana de estos años nos remonta a los años 30, han sido muchos los que han querido equiparar la actitud de Mas con la de Lluís Companys en el año 1934. Pero si hacemos un análisis más en profundidad podemos observar que la situación es mucho más cercana a la de la Alemania de esos mismos años, cuando poco a poco el virus nacionalsocialista se iba extendiendo por toda Alemania. Los puntos en común son demasiados y conviene tenerlos en cuenta si no queremos volver a repetir la historia. Citemos algunos de ellos:

-          Una época de crisis precedida por una época de bienestar, los dulces años 20 vinieron acompañados del crack de 29, al igual que la época de bienestar que vivimos hasta la primera década del siglo XXI ha venido seguida de una crisis muy dura que ha afectado a grandes grupos de población y todo acompañado de una degradación moral de sus élites.


-          Dos sociedades heridas por una traición imaginaria:

o        Las élites alemanas de finales de la 1ª Guerra Mundial se había sentido traicionadas por unos políticos a los que consideraban culpables del armisticio de 1918. Según ellos, los aliados no habían entrado en territorio alemán y por tanto la guerra no estaba perdida. De nada servía que el ejército estuviera en las últimas, sólo les quedaban dos divisiones de reserva, y que los soldados americanos acudieran por centenares de miles al campo de batalla.

Hitler aprovechó la humillación que significó el Tratado de Versalles para aunar a gran parte de la población y convertirse en el restaurador de la dignidad imperial alemana


o        La casta político-cultural catalana inunda de discursos que combinan el victimismo y el odio hacia todo aquello que no sea nacionalista. Una humillación que es fruto de un hipotético expolio y  del sometimiento por unos españoles que roban a diario el dinero y la dignidad del pueblo catalán. La historia solo sirve para justificar la doctrina del partido, de tal manera que todo aquello que no concuerda con el discurso ideológico debe ser suprimido o modificado

-          La insistencia en reclamar unos territorios como propios, a pesar de la historia. Los nazis insistieron en reclamar todas aquellas tierras ocupadas por grupos de raza aria, aunque hubieran otros grupos étnicos, posteriormente el discurso se modificó con el reclamo de un espacio vital que correspondía a la raza superior. En el caso catalán, la vieja insistencia de volver “als Països Catalans” (Cataluña, Valencia, Islas Baleares y parte de Aragón). Anomalía histórica que todavía podemos observar en el mapa del tiempo de TV3.

-          Control de la educación: La educación es la clave para formar a las futuras generaciones, para formar  a futuros nacionalistas es necesario una inculturación que comienza desde la cuna. En una cultura ideológica, que se distancia de la realidad como es el nacionalismo, es importante que desde pequeños se imponga un adoctrinamiento. En el caso catalán recordemos el caso de aquel cartel de un colegio de Cornellá que recordaba a los alumnos la obligación de hablar catalán en los patios. Hitler también se preocupo de la juventud adoctrinándola y preparándola para el futuro conflicto que debía devolver a Alemania el territorio que consideraba propio

-          Control de los medios de comunicación: los medios de comunicación son el otro gran pilar del control ideológico. Goebbles puso en marcha un sistema de adoctrinamiento que todavía se analiza en las facultades de comunicación. En Cataluña TV3 es el instrumento del poder, junto a todo el entramado de medios de comunicación mantenidos y financiados por la Generalitat. No debería resultar sorprendente el giro brusco que han dado hacia el independentismo algunos periódicos como “El Periódico” o “La Vanguardia”, este último aún resulta más sorprendente cuando su propietario, el Conde de Godó, es Grande de España. Pero las subvenciones son más fuertes que las creencias.


-          Conversión de la policía en la policía del partido: el partido nazi creó su propia Gestapo y su propio ejército, las Waffen-SS. Aquí todavía no hemos llegado, pero debemos recordar como Felip Puig afirmaba hace unas semanas que los “Mossos d’Esquadra” están al servicio de la Generalitat, es decir al servicio de CiU. La policía no pertenece a nadie sino que debe cuidar por el cumplimiento de la ley, también los políticos.

-          Animar a la delación contra todos aquellos que no acepten las normas impuestas por el aparato del partido: algo muy común en los regímenes totalitarios era animar a los ciudadanos a delatar a todos aquellos que no cumplieran con las reglas del partido y la doctrina. Aquí en Cataluña el caso más llamativo, pero no el único, fue en la época del tripartito, cuando se animó a denunciar a todas aquellas tiendas que no rotulaban en catalán y por lo que se les obligaba a pagar multas.

-          Desaparición de los símbolos tradicionales por los referentes de la ideología: con la llegada del nacional-socialismo desaparecieron los himnos y las banderas nacionales, sustituidas por los propios del partido y la ideología.

-          El odio como guía política: toda ideología necesita de un enemigo al que culpar de todos los males y los propios errores del partido. Así en el nazismo el culpable era el pueblo judío, en el comunismo, el capitalismo y en el caso catalán, todo aquello que no es nacionalista, y muy especialmente todo lo que huele a español. Así se roza el esperpento cuando en el mundial de 2010, los nacionalistas preferían animar a un conjunto extranjero que al propio, a pesar de que la mitad de los jugadores eran catalanes.

-          La traición de los sindicatos: los sindicatos también quedan integrados en el partido. Resulta sorprendente que en las manifestaciones obreras no encontremos ninguna bandera española, es llamativo que ningún obrero se sienta lo suficientemente español como para sacar una bandera nacional.

-          Identidad del Líder con la voluntad del pueblo: el gran triunfo del nacionalismo es el de conseguir que grandes masas de la población identifiquen la voluntad del partido, y del líder, con el de la nación, de tal forma que cuando se ataca al partido se ataca a la sociedad y al conjunto de ciudadanos. Es algo que en Cataluña lo llevamos viendo desde ya hace muchos años, desde los gobiernos de Jordi Pujol hasta el de Mas, pasando por el tripartito.


-          El líder está por encima de la ley: una vez asumido que el líder representa a la nación, este puede saltarse la ley. Lo hemos visto en la negativa a acatar las diversas sentencias de los Tribunales Constitucionales sobre el tema del catalán en los colegios o más recientemente en uno de los últimos mítines de CiU, en el que Artur Mas afirmaba que ni la ley ni la constitución los pararán. Dicho esto habría que hacerse dos preguntas:

o        Si un candidato a la presidencia se niega a cumplir las leyes, ¿porqué deberemos hacerlo el resto?
o        Si la justicia ya no sirve para frenar a un estado, ¿qué nos protegerá a los ciudadanos de un gobierno totalitario?

Ante todo esto, se afirma que la clase media es un escudo ante posibles totalitarismos, pero este es un argumento económico y por tanto poco fiable.

Dicho esto, no sorprende que CiU haya escogido un cartel en el que el candidato se identifica con la “voluntad de un pueblo” y es representado de forma mesiánica. Es el resultado de tantos años de manipulación en todos los sentidos. Todo esto llevaría a preguntarnos: ¿debemos preocuparnos aquellos que no comulgamos con el discurso del líder?

jueves, 1 de noviembre de 2012

DE FRIEDRICH A MUNCH: EL DRAMA DEL HOMBRE MODERNO


Empezamos nuestra reflexión sobre la modernidad a través del arte con la siguiente premisa: el arte es el reflejo de una sociedad concreta. Los artistas: pintores, escritores, etc., nos hablan del mundo que les toca vivir, de su sociedad, de su cultura y de forma más profunda, de su propia concepción del ser humano. En este caso utilizaremos dos cuadros para explicar el paso de la modernidad a la posmodernidad.

El primer cuadro “el caminante sobre un mar de nubes” (1817-18) es una de las obras de madurez del pintor romántico alemán Caspar David Friedrich (1774-1840). El segundo cuadro es “el grito” (1893) del pintor expresionista noruego Edvard Munch (1863-1944).

El punto en común de los dos cuadros es la soledad del protagonista y la diferencia la forma de enfrentarse a ella.

Los principales autores del pensamiento moderno había ido apartando a Dios de la vida de los hombres. Primero lo relegaron a la vida privada, luego como un simple garantizador de la armonía social hasta que finalmente un filósofo gritó “Dios ha muerto”.

Al mismo tiempo los nuevos gigantes de la mitología griega, intentaron ocupar su hueco con diversas ideas, el problema era que el hombre es tan grande en si mismo que no hay nada aquí en la tierra que pueda llenarlo y poco a poco descubre que se va quedando solo.

El primer cuadro nos presenta a un hombre solo, pero orgulloso, ha coronado la cima de su propio Olimpo, para observar desde allí un mundo que se le aparece borroso pero al mismo tiempo da la espalda al público que lo contempla.

La obra de Friedrich hunde sus raíces en el romanticismo alemán, que beberá de la tradición filosófica de Kant y los idealistas alemanes.

Los románticos, inspirados por la soberbia moderna encumbraron al hombre-creador, al artista que era capaz de imponer su propia visión de la realidad creando un mundo “real” fruto de su propia visión del mundo.

El hombre decimonónico verá el encumbramiento del hombre autónomo, del hombre capaz de hacerse a si mismo, aunque la verdad es que cada vez se distancia más de la realidad y de sí mismo. El hombre mediante la razón se creía capaz de dominarlo todo y la literatura de esos años demostrará esa seguridad.

Quizás el ejemplo más paradigmático será el caso Titanic, ese barco que “ni Dios podría hundirlo”, el que debía haber sido la mayor de las construcciones humanas acabó convertido en una catástrofe en la que perecieron miles de personas. Toda una premonición de lo que estaba por venir. Aunque a finales del siglo XIX ya algunos empezaron a advertir lo que podía pasar.

En filosofía, Schopenhauer reaccionó contra está percepción del mundo y en el mundo del arte Munch con su obra “el grito”, radiografió el siglo XX, un siglo que empieza en 1914 con la Gran Guerra y dará paso a una ola de destrucción que abarcará todo el mundo. Si el siglo XIX fue el siglo de la muerte de Dios, el siglo XX ha sido el de la muerte del hombre

Su protagonista, no está físicamente solo, al fondo se bosquejan dos individuos más, posiblemente amigos suyos pero ante su grito de desesperación nadie acude. Ante un mundo en el que lo único que se percibe de forma clara es el puente, es decir, la única construcción humana de todo el cuadro.

El hombre descubre que en su caída no comprende nada, solo ve aquello que fabrica con sus maquinas, pero la realidad entera se escurre de entre sus dedos como al filósofo griego Heráclito, desesperado por no poder retener el agua del río que fluía continuamente.

Ante este mundo tan bien retratado por Munch queda la gran pregunta ¿y el siglo XXI, qué?. ¿Veremos el resurgir del hombre, que recupera su dignidad o seguiremos en esta caída libre que nos lleva al foso de la desesperación?.

lunes, 29 de octubre de 2012

EL PRECIO DE LA MANIPULACIÓN INFORMATIVA


Muy interesante la información que aporta Xavi Rius en su portal e-noticies. Para todos aquellos que no entiendan el catalán vamos a remarcar lo más importante. Los trabajadores de TV3 se manifestaron la semana pasada para protestar por los recortes salariales.  Hasta aquí todo parece correcto y más en una España como la que nos toca vivir. Lo interesante es cuando el periodista repasa la plantilla de TVC y todos los beneficios que tienen:

1.      TV3, según la “Llei de Pressupostos de la Generalitat” para 2012 consta de 2100 trabajadores. Para que se puedan hacer una idea, un número superior a la suma de los trabajadores de Telecinco (1100), Antena 3 (600) y la Sexta (100).

2.      Pero es que hasta antes de los recortes, cada trabajador de la televisión autonómica disponía de: tres pagas extras (junio, septiembre y diciembre), además de media paga extra en abril, una en agosto de 500 euros por cada hijo menor, 35 días de vacaciones y un permiso por matrimonio de 20 días.

A todo esto añade Xavier Rius que la Generalitat ha aportado 300 millones de euros a las arcas de TVC.

Dicho esto no hay que olvidar que la Generalitat controla otras televisiones y radios, además de subvencionar la mitad de la prensa nacionalista que existe en Cataluña.

El grupo Godó ha recibido más de nueve millones de euros en ayudas desde que CiU está en el gobierno. Las malas lenguas dirán  que el giro independentista del periódico del Conde de Godó, que no hay que olvidar que es Grande de España, tiene unos motivos más económicos que sentimentales.

Así pues mientras que el gobierno de la Generalitat no hace más que pedir dinero para pagar lo que se debe a sectores tan vitales como la medicina, resulta que otros menos necesarios  siguen manteniendo parte de sus privilegios.

Pero no podemos olvidar que los medios de comunicación son un pilar fundamental para este estado-minotauro, según la definición del catedrático Dalmacio Negro Pavón.

Si no hay control de la información y de la educación, dicho estado se hunde por su propio peso.

Es vergonzoso que la Generalitat gaste tanto dinero en medios de comunicación cuando tantas farmacias no cobran el dinero que les debe la propia Generalitat. Clama al cielo que se quiera cobrar 3 euros a cada alumno que se traiga la comida de casa por el simple hecho de utilizar las instalaciones del colegio.

Todo esto solo nos lleva a una conclusión: si la Generalitat se muestra incapaz de gobernar un sistema político autonómico, ¿cómo podrá hacerse cargo de un estado independiente?

domingo, 28 de octubre de 2012

LA INDEPENDENCIA COMO AGONÍA DE LA SOCIEDAD CATALANA


Si revisamos la sociedad que ha dejado el nacionalismo cultural en Cataluña nos podemos hacer una idea de lo que puede quedar de nuestra tierra en caso de secesión:

COMPARACIONS DE CATALUNYA AMB LA RESTA DE COMUNITATS D'ESPANYA: (extraído de Internet)

CATALUNYA:

La campiona dels divorcis:

La primera en avortaments:



La darrera en matrimonis:

I, quan hi ha matrimonis, primer els civils:





També primera en matrimonis gay:



Ante este panorama, en el que todo lo que sustenta la sociedad se está hundiendo, conviene reflexionar qué es lo que quedará de Cataluña en una sociedad en la que el nacionalismo domine ya todos los instrumentos de poder.

En la Cataluña tradicional, la “terra” no hacía referencia solo a un espacio, sino también a todo aquello que vinculaba al hombre con su entorno, la familia, las sociedades intermedias, la religión… El nacionalismo ha significado la condena a muerte de esta cultura y deja al hombre indefenso ante un estado-minotauro que lo abarca todo y ante el que no cabe ninguna defensa.

Después de tantos años de inmersión nacionalista ya no valen excusas. El separatismo, tanto en Cataluña como en el País Vasco, ha acabado con todos los pilares que sustentan una sociedad.

La única conclusión posible es que el nacionalismo, por mucho que sea el conservador de CiU, equivale a la muerte de la sociedad catalana tal como la conocemos.

Ante las próximas elecciones al “Parlament”, la reflexión a la hora de votar no es independencia o no, más bien es, supervivencia o no. Y ante las noticias citadas anteriormente queda claro que la secesión representaría, la lenta, pero segura, agonía de la sociedad catalana.

martes, 16 de octubre de 2012

EL FUTURO DE LA EDUCACIÓN


LLORA COMO MUJER….




Al repasar la situación en la que se encuentra Cataluña hoy se impone una mirada atrás para analizar que es lo que realmente no ha funcionado en nuestra España y que nos ha llevado a un clima como el actual.

En esta reflexión hay que identificar dos tipos de errores, unos de acción y otros de omisión.

Los primeros serían los más leves, por venir de aquellos que ya se espera, es decir los nacionalistas.

Los segundos, a mi entender mucho mas graves provienen de aquellos que deberían encargarse de cuidar el respeto a la patria y a todos aquellos que se sienten españoles.

El combate que ahora está ya en las últimas, posiblemente se cerrará con una victoria del nacionalismo, pero ésta no se deberá, ni mucho menos, a que tienen el mejor mensaje o los defensores más valientes, sino a que han sido los más conscientes de la realidad que nos ha tocado vivir, una sociedad totalmente desvinculada en la que sólo prima el interés personal. El otro bando, simplemente no es que haya sido el más débil sino que no ha presentado batalla nunca.

El nacionalismo, desde un primer momento hizo suyos los principales bastiones de lo que empezó siendo una lucha cultural: educación y medios de comunicación. Y estos bastiones ya no los abandonaron…ni los abandonarán, por mucho que insista el ministro de educación Sr. Wert.

Ante la declaración del ministro de educación del pasado martes, afirmando que el independentismo se inculca en las aulas catalanas (y vascas) sólo cabe pensar dos posibilidades, o que dicho señor no tiene ni idea de educación o es que no se entera de lo que ocurre en su casa. Desde multitud de fundaciones como Unidad + Diversidad, Convivencia Cívica catalana… hace años que se está llamando la atención sobre este asunto, pero nadie ha hecho caso.

Sin ir mas lejos, el pasado día 12 de septiembre, un día después de la gran aquelarre nacionalista, un profesor de sociales de un colegio concertado afirmaba que “la gente había salido a la calle porque como Cataluña ya había sido independiente, la gente tenía ganas de volver a serlo” y… no paso nada. En esta situación sería bueno recordar como trataban los atenienses clásicos, los padres de la democracia, a los corruptores de la juventud.

El nacionalismo nació en Barcelona y en un principio no debería de haber dejado de ser una “rareza” de los señoritos burgueses de Barcelona como afirmaba Josep Pla, hasta que este al final se hizo de izquierdas y por tanto progresista.

El nacionalismo actual no es tradicional sino que es progresista,  y por tanto relativista. Por este motivo necesita modificar los símbolos del territorio que dice defender; en el siglo XIX convirtieron en himno “Els Segadors”, un canto tradicional pero modificándolo y eliminando todo aquello que sonaba a tradicional; en la actualidad está ocurriendo lo mismo con la Senyera que cada vez más está siendo desbancada por la “estelada” ya sea con triángulo azul o amarillo. No en vano afirmaba el padre de los historiadores catalanes, Rovira i Virgili, que “los auténticos catalanes son los carlistas de la montaña”

El nacionalismo ha sido y será la antítesis de la Cataluña tradicional y real y por eso ésta es el primer enemigo a abatir del nacionalista

Pero lo más grave de este asunto ha sido la actitud de aquellos que, elegidos por todos los españoles, no han tenido el valor de defender a España y a los catalanes que nos seguimos sintiendo españoles. Nosotros, abandonados ante las fauces del Leviathan nacionalista, debemos sobrevivir como podemos, sin obviar nuestra parte de culpa, que es mucha. Por ejemplo celebrando las victorias de la SELECCIÓN ESPAÑOLA en casa, porque no se pueden poner pantallas, por el que dirán.

Nosotros debemos implorar que alguien se acuerde de nosotros y tenga el valor de decir que no somos untershmen, ciudadanos de segunda categoría, que no podemos celebrar ni el día de la hispanidad por miedo a irritar a nuestros amos nacionalistas a los que se someten los políticos que representan a todos los españoles.

Pero aún queda el último paso y ha sido la gran jugada maestra del separatismo y es  cómo, en dos años, el independentismo ha pasado de no representar ni al 20% de la población catalana, según datos del CEO (Centro de Estudios de opinión de la Generalitat), a abarrotar las calles de la Ciudad Condal. Y aquí entra la gran estrategia nacionalista, digna del mejor Napoleón, la mutación de un nacionalismo cultural a un nacionalismo económico. El paso del catalán como símbolo de identidad al discurso de “Madrid nos roba” como elemento identitario. Y esto ante una sociedad anulada por tantos años de discurso nacionalista, de odio hacia todo lo español, en la educación y en los medios de comunicación y con una gran tasa de desempleo y precariedad económica es la gota que colma el vaso. Porque el odio es un vicio que se adapta muy bien a lo que sea y ahora ya tiene la llave que abre la caja de Pandora.

Cuando el presidente del gobierno dice que ha hablado con Mas de economía, “que es lo único que interesa”, está haciendo el juego al nacionalismo y está reafirmando las propias tesis separatistas.

Dicho esto quisiera citar una frase del filósofo Edmund Burke que afirmó que “para que el mal triunfe en el mundo, simplemente los hombres de bien no deben hacer nada”. Dicho esto esperemos que las generaciones venideras no deban decirnos lo que la madre de Boabdil dijo a su hijo al entregar las llaves de Granada a los Reyes Católicos “llora como mujer por lo que no supiste defender como hombre”.

Pero no quiero despedirme con un fragmento pesimista sino citar el que posiblemente fue la exhortación  de la Generalitat más impresionante de su historia, el que publicó el 10 de septiembre de 1714, un día antes del asalto de las tropas borbónicas:

Haciendo el último esfuerzo, y dando testimonio a los que habrán de venir, de que se han ejecutado las últimas exhortaciones y esfuerzos, protestando de los males, ruinas y desolaciones que sobrevengan a nuestra común y afligida patria, y del exterminio de todos los honores y privilegios, quedando esclavos con todos los demás españoles engañados, y todos en esclavitud del dominio francés; pero se confía, con todo, que como verdaderos hijos de la patria y amantes de la libertad acudirán todos a los lugares señalados, a fin de derramar gloriosamente su sangre y vida por su Rey, por su honor, por la patria y por la libertad de toda España.

Al día siguiente 4000 de los 5000 defensores habían muerto por su patria. Esta vez la última línea defensiva es la concentración del 12 de octubre en Plaza Cataluña, esperemos que todos los que se sientan españoles acudan a la cita.